Hasta el 26 de julio entrada gratuíta para ver la exposición fotográfica de Dorothea Lange (Hoboken, 1895 - San Francisco, 1965), Los años decisivos, en el Museo Colecciones ICO de Madrid. Se trata de una versión gráfica de aquellos años que narró el escritor norteamericano John Steinbeck (Salinas, 1902 – New York, 1968) en alguno de sus libros.
¿Han leído ustedes el libro Las uvas de la ira (1939) de John Steinbeck? Para los que lo hayan leído permítanme que les refresque la memoria y para los que no lo hayan leído les pondré al corriente.
Oklahoma, mediados de los años 30 del siglo pasado. Las sequías y las tormentas de polvo (dust bowl) obligan a la familia Joad al completo (al igual que a otras miles de familias de Oklahoma, Texas y Arkansas) a abandonar la tierra en la que han vivido y trabajado durante años y emigrar a California en busca de trabajo. Miles de personas, ilusionadas, con ganas de trabajar, de sacar a sus familias adelante, llegan a California, la tierra prometida. Sin embargo, al llegar se encuentran que el trabajo que hay es escaso y mucha la gente que quiere trabajar. La situación es desesperante, no tienen nada que llevarse a la boca, viven en tiendas de campaña, están sucios,... Ante esta situación los grandes propietarios de las tierras de cultivo pasan por los campamentos en los que se aglomeran los emigrantes, ofreciéndoles una cantidad de dinero por trabajar durante todo el día recogiendo fruta, uvas, melocotones,... Sólo algunos aceptan tan paupérrima cantidad de dinero que se les ofrece por el trabajo que deben realizar. Los propietarios de las tierras juntan en sus cultivos a mucha más gente de la que en realidad requieren. Así, una vez en los cultivos, disminuyen la oferta previamente realizada a los trabajadores hasta valores mínimos y solamente los más desesperados pueden aceptar tales condiciones. Cuanta más gente desesperada haya, más gente dispuesta a trabajar a menor precio y menos se les paga.
El resto del libro les dejo que lo descubran ustedes mismos, pero ¡Menudos canallas los empresarios! ¿no? Menos mal que sólo se trata de un libro y que ésto nunca podría suceder en la vida real. Sin embrago, lo único malo de este libro es que está basado en hechos reales. Que ésto ocurrió en los EEUU, entre finales de la década de los 20 y mediados de la década de los 40 del siglo pasado, y que se conoció como la Gran Depresión.
Pues cuál fue mi sorpresa cuando hace ya algún tiempo mientras estaba haciendo zapping doy con un programa en La 2 que estaba hablando de trabajo, de inmigrantes... A ver que cuentan. Les sitúo. Siete u ocho de la mañana en una rotonda amplia (perdonen que no me acuerde del nombre) a unos 50 metros de la estación de trenes de Chamartín en Madrid año 2008. Varias decenas de personas divididas en grupos de 3, 4, 5 esperan impacientes. Todos varones. Son inmigrantes. Rumanos, ecuatorianos, marroquis, senegaleses,... Su nerviosismo aumenta con el paso del tiempo.¿Qué esperan?, ¿A quién esperan? ¡Oh! Ahí está. Los grupos de pocas personas se funden en uno solo alrededor de una persona. Pero ¿Quién es para que tanta gente se agolpe delante de esa persona? Es un hombre. Ha llegado en una furgoneta; blanca, sin rótulos. Empieza a hablar. El grupo se silencia. A ver... necesito 5 hombres para trabajar en la obra, 30 euros. Cuántas horas. 12 horas. Tú quieres trabajar. Sí. Pues entra en la furgoneta. Tú quieres trabajar. Sí. Pues entra en la furgoneta. Así hasta 5. Después se cierra el portón de la furgoneta blanca sin rotulos y se va. En la plaza se queda en resto del grupo esperando que ese día llegue otra furgoneta. Si no al día siguiente volverán.
Echen sus cuentas ahora pero a mí esto me sale a 2,5 euros/hora (30 euros /12 horas). 2,5 euros la hora por trabajar en la obra. A mí esta situación de cuanto más desesperados estén los trabajadores menos les tendremos que pagar me recuerda mucho al libro de arriba. Empresarios del tres al cuarto pagando sueldos miserables a gente desesperada por trabajar. Aquello en el primer tercio del siglo XX, esto a principios del XXI. De todas maneras, igual los sueldos no son del todo tan injustos porque fijo que estos currelas no tienen que pagar ni electricidad, ni gas, ni agua y seguramente los muy afortunados no tengan que pagar la comunidad de vecinos…
Todo esto en la Europa del siglo XXI.
¿Han leído ustedes el libro Las uvas de la ira (1939) de John Steinbeck? Para los que lo hayan leído permítanme que les refresque la memoria y para los que no lo hayan leído les pondré al corriente.
Oklahoma, mediados de los años 30 del siglo pasado. Las sequías y las tormentas de polvo (dust bowl) obligan a la familia Joad al completo (al igual que a otras miles de familias de Oklahoma, Texas y Arkansas) a abandonar la tierra en la que han vivido y trabajado durante años y emigrar a California en busca de trabajo. Miles de personas, ilusionadas, con ganas de trabajar, de sacar a sus familias adelante, llegan a California, la tierra prometida. Sin embargo, al llegar se encuentran que el trabajo que hay es escaso y mucha la gente que quiere trabajar. La situación es desesperante, no tienen nada que llevarse a la boca, viven en tiendas de campaña, están sucios,... Ante esta situación los grandes propietarios de las tierras de cultivo pasan por los campamentos en los que se aglomeran los emigrantes, ofreciéndoles una cantidad de dinero por trabajar durante todo el día recogiendo fruta, uvas, melocotones,... Sólo algunos aceptan tan paupérrima cantidad de dinero que se les ofrece por el trabajo que deben realizar. Los propietarios de las tierras juntan en sus cultivos a mucha más gente de la que en realidad requieren. Así, una vez en los cultivos, disminuyen la oferta previamente realizada a los trabajadores hasta valores mínimos y solamente los más desesperados pueden aceptar tales condiciones. Cuanta más gente desesperada haya, más gente dispuesta a trabajar a menor precio y menos se les paga.
El resto del libro les dejo que lo descubran ustedes mismos, pero ¡Menudos canallas los empresarios! ¿no? Menos mal que sólo se trata de un libro y que ésto nunca podría suceder en la vida real. Sin embrago, lo único malo de este libro es que está basado en hechos reales. Que ésto ocurrió en los EEUU, entre finales de la década de los 20 y mediados de la década de los 40 del siglo pasado, y que se conoció como la Gran Depresión.
Pues cuál fue mi sorpresa cuando hace ya algún tiempo mientras estaba haciendo zapping doy con un programa en La 2 que estaba hablando de trabajo, de inmigrantes... A ver que cuentan. Les sitúo. Siete u ocho de la mañana en una rotonda amplia (perdonen que no me acuerde del nombre) a unos 50 metros de la estación de trenes de Chamartín en Madrid año 2008. Varias decenas de personas divididas en grupos de 3, 4, 5 esperan impacientes. Todos varones. Son inmigrantes. Rumanos, ecuatorianos, marroquis, senegaleses,... Su nerviosismo aumenta con el paso del tiempo.¿Qué esperan?, ¿A quién esperan? ¡Oh! Ahí está. Los grupos de pocas personas se funden en uno solo alrededor de una persona. Pero ¿Quién es para que tanta gente se agolpe delante de esa persona? Es un hombre. Ha llegado en una furgoneta; blanca, sin rótulos. Empieza a hablar. El grupo se silencia. A ver... necesito 5 hombres para trabajar en la obra, 30 euros. Cuántas horas. 12 horas. Tú quieres trabajar. Sí. Pues entra en la furgoneta. Tú quieres trabajar. Sí. Pues entra en la furgoneta. Así hasta 5. Después se cierra el portón de la furgoneta blanca sin rotulos y se va. En la plaza se queda en resto del grupo esperando que ese día llegue otra furgoneta. Si no al día siguiente volverán.
Echen sus cuentas ahora pero a mí esto me sale a 2,5 euros/hora (30 euros /12 horas). 2,5 euros la hora por trabajar en la obra. A mí esta situación de cuanto más desesperados estén los trabajadores menos les tendremos que pagar me recuerda mucho al libro de arriba. Empresarios del tres al cuarto pagando sueldos miserables a gente desesperada por trabajar. Aquello en el primer tercio del siglo XX, esto a principios del XXI. De todas maneras, igual los sueldos no son del todo tan injustos porque fijo que estos currelas no tienen que pagar ni electricidad, ni gas, ni agua y seguramente los muy afortunados no tengan que pagar la comunidad de vecinos…
Todo esto en la Europa del siglo XXI.