sábado, 27 de febrero de 2010

L´etat c´est moi. Mais vous aussi.

Se hace difícil entender cómo un gobierno que, en teoría, defiende la igualdad de las personas, la dignidad de las mismas y trata de equipararlas independientemente del capital del que dispongan pueda permitir que un ciudadano suyo, por muy perverso que sea éste, pueda llevar una huega de hambre hasta sus últimas consecuencias sin emprender ninguna acción al respeto o de emprenderla, como en este caso, cuando ya no hay vuelta atrás. “Error” gravisimo, pues , el del gobierno cubano que esta semana ha visto como Orlando Zapata, un albañil de 42 años nacido en Banes, en la llana provincia oriental de Holguín, y encarcelado en la prisión de la caotica Camagüey, moría tras 85 días en huelga de hambre. Al parecer, Orlando Zapata fue condenado en 2003 a 28 años de prisión por atentar contra la integridad del Estado y conspirar a favor de Estados Unidos. Desconozco, y poco importa en este caso, si Orlando Zapata era tan solo un opositor del gobierno cubano o si realmente estaba conspirando contra el Estado en favor de EEUU, que visto la lucha desinteresada que ha mantenido las diferentes administraciones estadounidenses en las últimas decadas en favor de los derechos humanos de los países de la zona no parece del todo improbable, o no pero en cualquier caso la “torpeza” ha sido de órdago a la grande.Y es que por mucho que el preso desease llevar a puerto sus intenciones es deber del Estado, en esta ocasion el gobierno cubano, velar por la salud de cada uno de sus ciudadanos. Por muy indeseable que fuera el sujeto.

Los medios de comunicación estatales no han tardado en hacerse eco del asunto como cada vez que salen corriendo cuando algo huele a podrido en la isla. El culo caliente de algunos no tiene límites y si bien hubieran dejado morirse de hambre a algún conciudadano suyo no hace mucho, criticando al gobierno central por impedirlo, el hecho de que un preso cubano muera en una cárcel cubana les resulta una barbaridad.

Expuesto todo esto, y al hilo, se puede preguntar una pregunta que va un poco más allá. ¿No es acaso responsabilidad última del Estado velar por la salud y seguridad de sus ciudadanos?

No cabe duda que si no es así debería serlo. Y es que una sociedad, y como tal el responsable de ésta, el Estado, debe ser capaz de asegurar que sus miembros , manteniendo en todo caso la dignidad humana, se sientan totalmente protegidos y garantice su seguridad ante cualquier peligro, bien sea natural o humano.

Hace poco Julio Llamazares, en un artículo de opinión titulado “La sociedad infantilizada”, harto de que la gente se quejase y responsabilizase a las instituciones independientemente de éstas hubiesen puesto todos sus medios o no, defendía que la gente se había convertido en unos niños inermes e irresponsables a los que Papá Estado debía sacarle las castañas del fuego.

No cabe duda que a toda persona se le debe exigir que actue de forma responsable ante cualquier situación, y más aún cuando pintan bastos, faltaría más; pero aún cuando ésta no sea capaz de actuar como debiera, ahí debe estar Papá Estado, como responsable, primero y último, de la sociedad para que nada ocurra que pueda perjudicar en modo alguno a los miembros de la misma.Y es que no se ha de olvidar, que a diferencia de lo que ocurre en la Naturaleza, que salvo nada honrosas excepciones, somos nosotros, como miembros de una sociedad, los que elegimos a nuestro padre y es éste el que debe velar por nosotros.

Así, y cuando el olor a podrido no llega hasta aquí, se debe hacer saber, para aquellos que por desconocimiento, ignorancia o simplemente mala fe recriminan otras formas de Estado idealizando el nuestro, que en Cuba cuando una catastrofe meteorológica predecicble está por llegar se ponen todos, y reitero todostodas las ocasiones que haga falta, los medios posibles para que la población sufra ninguna, y repito ninguna todas las ocasiones que haga falta, victima. Se podrían enumerar los innumerables huracanes que azotan cada final de verano y principio de otoño la isla y las consecuencias en forma de víctimas que provocan.

Por estos alrededores cuando las condiciones meteorológicas osan a desviarse de la normalidad ya se puede encontrar de madrugada una mujer muerta de frío, literalmente, a las puertas de una iglesia, vehículos arrastrados corriente abajo que provocan la desaparición de los ocupantes o niños muertos cuando se les viene encima un tejado de un polideportivo, currelas a los cuales se les caen piezas de la obra o abuelas que son aplastadas por muros cuando el anemómetro quiere girar un poco más rapido de lo habitual. ¿Es ésto poner todos los medios?

El índice de delincuencia en la isla, lo desconozco exactamente, pero resulta infinitamente inferior al de cualquiera de los índices de los paises vecinos (allí como aquí). Bien cuida el estado cubano por la salud y seguridad de sus ciudadanos haciendo todo lo posible para que el índice se mantenga bajo mínimos. Pero, ¿se puede afirmar en algún caso que suceda lo mismo por estos lares? Se responde rapidamente, sin pensarlo mucho y sin temor a equivocarse, que no. Digamos que una persona osa a penetrar en un barrio conflictivo de alguna de nuestras ciudades y que al día siguiente aparece con dieciocho cuchilladas y media es una irresponsabilidad por parte del agujereado, pero ¿esta Papá estado haciendo todo lo posible para garantizar la seguridad de su ciudadano? Y es que tiene que ser Papá estado el que proteja al ciudadano para que ésto siga siendo una sociedad y no se aplique la ley de la selva o se convierta en un Far West.

Igual que el gobierno cubano es en último término culpable por la muerte de Orlando Zapata, cualquiera de nuestros países es culpable de que no comprometa en hacer todo lo posible para garantizar la vida de los ciudadanos. Así pues quién está para dar lecciones a nadie de nada.

Y ¿quién es culpable?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Diegolas.

De lo del tío ése de Cuba, qué quieres que te diga. Es bastante fácil para nostros acordarnos ahora, que no ha pasado mucho tiempo, de la huelga de hambre de de Juana, que, apuestas aparte, a puntito estuvo de irse al hoyo sin que parase nadie de insultarle. Hicimos una excepción y le dimos una oportunidad a un texto de un mogollón de páginas escrito por un gilipollas -de los que no tienen talento, no equivocarse con, por ejemplo, nuesto querido Arturo Pérez Revuelve (el estómago cada vez que habla)-, nos leímos el auto con el que le calzaron dos o tres años más de calabozo, y alucinamos con el árbitro.

Aquí todo dios se llena la boca diciendo chorradas que han oído en la tele, pero cada vez más sabemos que a nosotros nos mandan los que nos mandan y a los demás les mandan los que les mandan. Y los que te mandan te hacen lo que les da la gana. Así que tiene cojones marilones, como diría la gran estrella de nuestros días, que estemos hablando de lo que le pasa a un fulano al otro lado del océano, cuando tenemos nuestra casa llena de mierda. Creo que esto no difiere en nada de lo que has expresado en el post, así que, repito, qué quieres que te diga.

Anónimo dijo...

De la otra parte, el verdadero tema del post, a ver si lo digo claro. Demasiado verlas venir y demasiado poco arrimar el hombro es el mal de nuestros días y nuestros lares, y el de muchos anteriores, posteriores y cuatro puntos cardinales. Y es algo que, se mire por donde se mire, ha afectado, afecta y afectará, muy especialmente, a cualquier organización social con vocación comunista. Todas las familias tienen su gorrón y su cerdo, todas las comunidades de vecinos tienes sus morosos y sus cabrones, y así sucesivamente. Y la mierda del cerdo la limpia más ama que aita o al revés, o a la tía se la sopla que la cuñada duerma cuatro horas al día porque entre la abuela, los niños y el curro no da abasto, y le endiña encima preparar la cena de nochebuena. Eso es así, y el símil de la familia se amplía fácilmente al estado. En este sentido, pues, es inaceptable tener una actitud exclusivamente tomadora, no ya pasiva, que pasivo se puede ser sin tomar nada (deja ya de pensar guarradas). No puede ser que, por poner otro ejemplo reciente, estemos poniendo a parir al alcalde de nuestro pueblo, que por otra parte puede que sea un inútil, porque tres días después de la nevada de turno, la acera delante de nuestra casa está llena de hielo. Bueno, mejor dicho, no puede ser que lo esté. Porque cuando se nos sientan a hacer botellón en el portal, bien nuestro que es. Coño, pues para quitar el hielo lo mismo, y sin que haga falta entrar en las ordenanzas, que lo primero es tener el portal como está mandao si tan preocupados estamos porque se caiga la abuela, y lo segundo quejarse porque no lo ha hecho quien quiera que se supone que cobra por hacerlo.

Los ejemplos son numerosísimos y diarios. Parece ser que nos encanta quejarnos, porque somos incapaces de hacer la cosa más sencilla de cara a arreglar algo que no paramos de lamentar, sea lo que sea. Y esto es algo completamente inaceptable y especialmente peligroso, como digo, desde un punto de vista comunista.

Ahora bien, al igual que ama no quema la casa porque salpicamos el váter pero no lo limpiamos nunca, y nos quejamos de la comida pero que la haga ella, no podemos tirar la tohalla como estado porque la gente se va a cobrar el paro cuando no les sale de los huevos trabajar, porque la gente va al médico a que le de conversación, porque la gente sólo quiere saber del ayuntamiento para meter la mano en la caja, o lo que sea.

Un estado es al fin y al cabo una máquina burocrática, pero funciona porque sus integrantes, que deben ser todos los miembros del colectivo al que regula y proteje, la hacen funcionar. Como tal máquina burocrática, es mucho más vulnerable en su efectividad que una organización más sencilla. Por seguir con la familia, no importa cómo le cuentes el cuento a la ama, que te va a caer una colleja por suspenso, pero vas a comer tres veces al día, pase lo que pase. En un estado, éste no es el caso.

Por eso, es importante que todos los miembros de un estado se vean tan implicados en su funcinamiento como sea posible. Con cuotas de responsabilidad y autoridad altas, para reducir el número de los que se quejan sólo porque no tienen en su mano la solución, poniéndo la solución en su mano, y por lo tanto la obligación.

Por lo tanto, a eso de papá estado hay que darle la vuelta, porque, de hecho, si papá te ve tocándote la bola te pone fino.

Y bueno, un poco volviendo a Cuba, que venga Adam Smith, por poner aquí un nombre al que se le contesta hoy en día menos que a dios, y lo vea, si no se acercan allá más a lo que tiene que ser. Aquí podemos decir lo que nos dé la gana, mientras no queramos nuestra parte de autoridad. Ésa le corresponde sólo al que pueda pagarla.

A seguir bien.

Anónimo dijo...

ANONIMO: antes que nada gracias por los comentarios. Como dices en el primero de ellos, poco o nada más queda ya por decir sobre ese tema.

Sobre el segundo comentario, aclarar o contestar varias cosillas.

En el post decía que es el Estado el responsable de la seguridad de sus ciudadanos y la diferente actitud que se toman en diferentes estados ante las posibles inseguridades. Por cierto con seguridad me refiero no solo a la física si no también a la económica y ¡qué demonios también a la psíquica!

Probablemente porque esa cuota de responsabilidad de cada uno de nosotros, que dices, dentro del Estado ha quedado bastante diluida a menudo poco más que quejarse se puede hacer. Ya sé que no deja de ser un ejemplo, pero en el caso de la nevada tienes toda la razón que cuando los "botelloneros" hacen ruido y nos mean el portal poco nos cuesta bajar y echarles por las buenas o por las malas y sin embargo somos incapaces de retirar la nieve del mismo portal para que no se rompa la cadera la abuela, pero por llevar el tema a donde quiero otro ejemplo ¿y si las carreteras están mal, pongamos la N1? Yo no tengo los medios para la limpiarlas, así que tendré que exigir al que es responsable último que haga su trabajo.

Llevo de nuevo el asunto a mi terreno y pregunto quién es el responsable de que en las pasadas navidades cientos de hispanohablantes con acento sudamericano se quedaran en tierra porque a un gamberro caradura le diera por cesar su actividad empresarial. Está claro que el gamberro caradura, pero ¿no es el Estado responsable, obviamente no de que existan caraduras sino de permitirles ejercer su caradurismo a su libre albedrío? Como te puedes imaginar ejemplos similares y no similares pueden salir muchos y pueden llevar a pensar, como en mi caso, lo que he expuesto en el post.

No me pienso quejar yo de que la cena me haya salido salada, ya que todavía reconozco que esa rsponsabilidad no me la han quitado y es mía.

Si la responsabilidad es tuya (mía) lo haces y ya está. Y quiero pensar que si esa responsabilidad compromete alguna ventaja para el de la lado pues no debería haber motivo para no llevarla acabo sin rechistar. Que igual me contestas, vale, y usando un ejemplo académico, estás dispuesto a hacer el examen pero en cuanto te enteres del pedazo de tocho que te tienes que estudiar para aprobarlo vas a decir "sí, esto que lo haga tu tía". Y aquí es donde coincido contigo con el símil de la familia con el que lo has descrito. Pero si soy más vago que el ingeniero nuclear de la corte de Felipe II y sigo el "que lo haga tu tía" (y este puede ser el mayor problema), entonces la colleja la tendré bien ganada (venga de donde venga de ama, aita o mi hermana)y si es así me tendré que callar y no se me ocurrirá abrir la boca ni mentar a la madre del ministro, diputado, concejal o funcionario de guardia.

Visto lo que veo, supongo que de momento, para que esto salga adelante, habrá que hacer lo que haya que hacer, deja de verlas venir, para que, como dice un amiguete en un escrito, mediante el ejemplo directo o indirecto alguien pueda influir en una sociedad entera.


Gracias.

No pienses (penseis) que por ser el blogger me guardo el el comodín del último comentario.

diegolas